viernes, 7 de marzo de 2014

A correr!

Querido hijo, ¿a dónde va la gente con tanta prisa?

Parece que finalmente el reloj ha ganado la guerra, nos ha conquistado, nos domina segundo a segundo. Basta salir a la calle para ver a la gente caminar rápidamente, ignorando qué clima hace, las cosas que puede estar bañando el sol con su luz o, pero aún, simulando que está solo en ellas, que no hay más personas. Parece como si existiera un manual de comportamiento en este espacio y fuera obligatorio aprendérselo. Caminar lo más rápido que se pueda y que el ángulo de visión esté siempre a la altura de los hombros, prohibiendo mirar muy arriba o muy abajo, para evitar sorpresas desagradables.

En cada celular un reloj, en cada televisor un reloj, en cada pulsera un reloj, en cada edificio un reloj, en cada impresora, nevera, microondas, y hasta zapato, un reloj. Y es que nadie quiere llegar tarde, nadie aparentemente puede darse ese lujo, aunque a la final todos incumplan por un rango basta amplio esa cita para la que están corriendo, que a la fina termina siendo una pequeña mentira de esas que muy a menudo la gente se dice a sí misma, porque no hay razón para correr, porque sí hay tiempo.

Y yo... yo solo quiero que alguien invente algo para detener esa locura. Porque quiero pasar mis días junto a ti, quiero verte crecer sin prisa, no quiero ser el padre ausente que ve a su hijo de lunes a viernes en un horario en el que o está muy dormido, por lo temprano que es, o está muy cansado porque tuvo que pasar todo el día haciendo eso que llaman "ganarse el pan de cada día", que al fin de cuentas tiene mucho (todo) que ver con el reloj.

No estoy diciendo que quiero renunciar al mundo, que quiero renunciar a mis pasiones, solo estoy diciendo que quiero tiempo, más tiempo, para estar junto a ti. De seguro alguien me dirá que agradezca porque hay gente queriendo y necesitando trabajar o, que a muchos les toca llevar una rutina mucho más intensa que la mía. Pues sí, muy seguramente así es, porque todos somos esclavos de don reloj que al final solo es uno de los tantos disfraces de don dinero.  Por eso hablo por mi, no hablo por nadie más. El que lo disfrute, pues que lo siga viviendo, que tiempo es lo que les da a estas personas el reloj.

Querido hijo, no corras; quedémonos quieticos acá.


1 comentario:

  1. "Quiero tiempo pero tiempo no apurado,
    tiempo de jugar que es el mejor.
    Por favor, me lo da suelto
    y no enjaulado adentro de un despertador". M E WALSH

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