Querido hijo:
Han pasado varios días (semanas) desde la última vez que te escribí. No quiero que pienses que lo hice porque en mis palabras ya no estás, al contrario, tu nacimiento ha sido una fuente de inspiración, y ahora ando tratando de organizarme para no dejar escapar este impulso que me has dado. Pero hoy, he decidido hacer una pequeña pausa para hablarte de algo que me anda rondando la cabeza. La felicidad.
Vas a encontrarte a mucha gente hablando de la felicidad, así como vas a encontrarte con una gran cantidad de definiciones sobre esta palabra, sin embargo, me gustaría que tú mismo, encuentres su significado y le des sentido. (Nunca me había preguntado por su definición en el diccionario y, ahora que la busco, me encuentro con esto: "Estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien", y es que justamente, lo que me preocupa, lo que me llevó a escribir esto, es que llegaras a asociar la felicidad como una posesión o un bien).
En mi opinión, la felicidad no tienen nada que ver con hacer, en cambio, tiene mucho (todo) que ver con ser. Pero ser, somos desde que nacemos, incluso desde antes, desde el preciso instante en que comenzaste a habitar el vientre de tu mami. Sin embargo, en algún momento experimentarás un segundo nacimiento o muchos nacimiento más en esta vida (deberás luchar por eso). Y eso sucederá cuando encuentres tu lugar en el mundo, cuando te encuentres a ti mismo, cuando encuentres tu canción, no necesitarás dinero para ser feliz, no necesitarás un empleo, comodidades, lujos, etc. Aunque te falten cosas materiales y aunque algunas de esas cosas, en apariencia, sean necesarias para sobrevivir, podrás mirarte con total tranquilidad al espejo y podrás decirte a ti mismo: "Soy feliz". El resto de cosas irán de un lado a otro, llegando a tus manos y alejándose de ellas.
Querido hijo, lucha por tu felicidad, trabaja por ella, por alcanzarla a toda costa, por conservarla como un gran tesoro, ya que será ella la que te permitirá brillar, la que te hará libre; será ella la que no dejará que el miedo llegue a tu corazón y te haga su esclavo, al atarte e impedirte seguir descubriendo nuevos rincones de tu existencia.