Querido hijo: en estos días tan caóticos —¿han habido días que no sean caóticos en la humanidad?—, la gente habla de lo importante que es la educación —la educación de calidad, por supuesto—, de los valores que se inculcan en casa, y de cómo la suma de estas cosas es o sería la gran solución a muchos de los problemas que aquejan esta sociedad. Sin embargo, ¿no es a caso eso lo que han recibido muchos —la mayoría— de los corruptos políticos que nos gobiernan? ¿No es a caso eso lo que han recibido muchos —la mayoría— de los ambiciosos empresarios que nos venden día a día las cosas que necesitamos—y las que no— en nuestros hogares¿ ¿No es a caso eso lo que han recibido esos pedófilos sacerdotes, esos descorazonados científicos que crean enfermedades y antídotos con un alto costo ambiental y social, y tantos más?
Entonces, me pregunto si vale la pena que pierdas horas y horas de tus días tratando de aprender cosas que olvidarás en poco tiempo, no por culpa tuya, sino porque son completamente inútiles. Sin embargo, cuando vayas a pedir trabajo serás más valorado si en tu currículo dices que pasaste por muchos de estos sitio, serás valorado por las mentiras que digas sobre ti mismo y por último si medirán tus habilidades, tu creatividad y tus ganas.
Parece que la gente olvidó enseñar algo, parece que la gente se niega a aprender algo y es ser buena persona, con todo lo que esto significa; ayudar al que lo necesita; entender que el dinero es importante, pero no lo es todo; ser feliz con poco y tantas cosas más.
Querido hijo: lucha por tu educación, que en últimas depende solo de ti.
Es un blog lleno de alegrías, miedos, dudas, deseos y demás, ante la llegada de un hijo. La llegada de Gael!
martes, 25 de noviembre de 2014
Educación
Etiquetas:
ambición,
científicos,
corrupción,
educación,
políticos,
sacerdotes
martes, 21 de octubre de 2014
GRITAR
QUERIDO HIJO:
LA GENTE QUIERE GRITAR,
LE URGE GRITAR;
LEVANTAN SUS VOCES
TRATANDO DE TAPAR OTRAS
QUE QUIEREN LO MISMO,
POR LO CUAL,
ES IMPOSIBLE SABER
QUÉ ES LO QUE DICEN.
PARECE QUE ALGUIEN
LES HA HECHO CREER
QUE ESTA ES LA MEJOR,
Y TAL VEZ LA ÚNICA,
FORMA DE HACERSE ESCUCHAR,
DE HACER VALER
LO QUE SE PIENSA.
GRITAN EN SUS CASAS,
GRITAN EN LA CALLE,
GRITAN EN EL TRABAJO,
(INCLUSO)
GRITAN EN SU SUEÑOS,
Y CUANDO VAN EN SUS CARROS,
COMO ES TAN DIFÍCIL
QUE OTROS SEPAN
QUE ESTÁN GRITANDO,
USAN LAS GARGANTAS
DE ESTOS QUE SON
MUCHO MÁS PODEROSAS
Y EN CADA SEMÁFORO,
O EN CADA KILÓMETRO
QUE AVANZAN,
DEJAN SU BEEEEEP
RETUMBANDO EN EL AIRE.
Querido hijo: no grites, no gritemos. Sólo en el silencio seremos capaces de oír (oírnos) mejor, incluso de ver (vernos) mejor. Sólo en el silencio seremos capaces de encontrarnos con nosotros mismos, con lo que somos.
LA GENTE QUIERE GRITAR,
LE URGE GRITAR;
LEVANTAN SUS VOCES
TRATANDO DE TAPAR OTRAS
QUE QUIEREN LO MISMO,
POR LO CUAL,
ES IMPOSIBLE SABER
QUÉ ES LO QUE DICEN.
PARECE QUE ALGUIEN
LES HA HECHO CREER
QUE ESTA ES LA MEJOR,
Y TAL VEZ LA ÚNICA,
FORMA DE HACERSE ESCUCHAR,
DE HACER VALER
LO QUE SE PIENSA.
GRITAN EN SUS CASAS,
GRITAN EN LA CALLE,
GRITAN EN EL TRABAJO,
(INCLUSO)
GRITAN EN SU SUEÑOS,
Y CUANDO VAN EN SUS CARROS,
COMO ES TAN DIFÍCIL
QUE OTROS SEPAN
QUE ESTÁN GRITANDO,
USAN LAS GARGANTAS
DE ESTOS QUE SON
MUCHO MÁS PODEROSAS
Y EN CADA SEMÁFORO,
O EN CADA KILÓMETRO
QUE AVANZAN,
DEJAN SU BEEEEEP
RETUMBANDO EN EL AIRE.
Querido hijo: no grites, no gritemos. Sólo en el silencio seremos capaces de oír (oírnos) mejor, incluso de ver (vernos) mejor. Sólo en el silencio seremos capaces de encontrarnos con nosotros mismos, con lo que somos.
martes, 23 de septiembre de 2014
Descubriendo
Querido hijo, pasan los meses y ya tienes 1 año. Son tantas las cosas que pasan en tu cuerpo, tantos los cambios que sufres constantemente. Por ejemplo, por estos días andas desafiando a la gravedad y tu cola y tus piernas tratan de lograr la gran proeza de levantarse del suelo y mantenerse elevadas la mayor cantidad de segundos posibles; tus dientes están seguros de poder cortarlo todo, sea comida o sea simplemente un dedo (de papá o mamá); tus ojos saben que hay un mundo por descubrir y por eso permanecen bien abiertos a la espera de que aparezca en su camino alguna luz que titile o simplemente algún resto de comida o de basura en el piso que merezca ser probado por tu boca; tu garganta sabe que no está sola, ha encontrado las cuerdas vocales y por eso es bastante frecuente que demuestre la felicidad que esto le produce con gritos, palabras y carcajadas (también llantos).
Todo esto me hace pensar en lo maravillosa que es la vida, en el gran milagro de la existencia, en la conquista de nuestros sentidos y de nuestro cuerpo, pero también me hace preguntarme en qué momento nos olvidamos que esa conquista puede y debe ser constante, porque hay millones de sabores, olores, paisajes, obstáculos que desconocemos y desconoceremos. En qué momento "el conquistador se volvió esclavo de lo que conquistó" y comenzamos a preocuparnos más porque el espejo no revele las marcas de nuestro paso por la vida. En qué momento la vanidad nos tomó como sus rehenes (o nosotros a ella). En qué momento nos comenzó a generar intranquilidad el hecho de pensarnos a nosotros en el futuro, olvidándonos de nosotros hoy. Por qué sentimos que los años pesan, que son una carga y nos resistimos a simple y llanamente vivir. Por qué repudiamos tanto la guerra que se libra afuera con armas y tóxicos, pero libramos internamente terribles y violentas cruzadas que nos deprimen, que deforman nuestros cuerpos, que nos convierten en seres tan violentos como esos de la televisión, los periódicos e internet. Por qué queremos ayudar siempre al otro y nos olvidamos de ayudarnos a nosotros mismos.
Querido hijo, pasan los meses y ya tienes un año, no paras de crecer. Espero que con el paso de los días, de los meses y de los años este crecimiento físico y mental no se detenga, porque como lo dijo alguna vez alguien: "soy del tamaño de lo que veo", y con tantas maravillas que hay por descubrir y redescubrir, sería una pena dejar de hacerlo. Sigamos creciendo juntos.
Todo esto me hace pensar en lo maravillosa que es la vida, en el gran milagro de la existencia, en la conquista de nuestros sentidos y de nuestro cuerpo, pero también me hace preguntarme en qué momento nos olvidamos que esa conquista puede y debe ser constante, porque hay millones de sabores, olores, paisajes, obstáculos que desconocemos y desconoceremos. En qué momento "el conquistador se volvió esclavo de lo que conquistó" y comenzamos a preocuparnos más porque el espejo no revele las marcas de nuestro paso por la vida. En qué momento la vanidad nos tomó como sus rehenes (o nosotros a ella). En qué momento nos comenzó a generar intranquilidad el hecho de pensarnos a nosotros en el futuro, olvidándonos de nosotros hoy. Por qué sentimos que los años pesan, que son una carga y nos resistimos a simple y llanamente vivir. Por qué repudiamos tanto la guerra que se libra afuera con armas y tóxicos, pero libramos internamente terribles y violentas cruzadas que nos deprimen, que deforman nuestros cuerpos, que nos convierten en seres tan violentos como esos de la televisión, los periódicos e internet. Por qué queremos ayudar siempre al otro y nos olvidamos de ayudarnos a nosotros mismos.
Querido hijo, pasan los meses y ya tienes un año, no paras de crecer. Espero que con el paso de los días, de los meses y de los años este crecimiento físico y mental no se detenga, porque como lo dijo alguna vez alguien: "soy del tamaño de lo que veo", y con tantas maravillas que hay por descubrir y redescubrir, sería una pena dejar de hacerlo. Sigamos creciendo juntos.
viernes, 7 de marzo de 2014
A correr!
Querido hijo, ¿a dónde va la gente con tanta prisa?
Parece que finalmente el reloj ha ganado la guerra, nos ha conquistado, nos domina segundo a segundo. Basta salir a la calle para ver a la gente caminar rápidamente, ignorando qué clima hace, las cosas que puede estar bañando el sol con su luz o, pero aún, simulando que está solo en ellas, que no hay más personas. Parece como si existiera un manual de comportamiento en este espacio y fuera obligatorio aprendérselo. Caminar lo más rápido que se pueda y que el ángulo de visión esté siempre a la altura de los hombros, prohibiendo mirar muy arriba o muy abajo, para evitar sorpresas desagradables.
En cada celular un reloj, en cada televisor un reloj, en cada pulsera un reloj, en cada edificio un reloj, en cada impresora, nevera, microondas, y hasta zapato, un reloj. Y es que nadie quiere llegar tarde, nadie aparentemente puede darse ese lujo, aunque a la final todos incumplan por un rango basta amplio esa cita para la que están corriendo, que a la fina termina siendo una pequeña mentira de esas que muy a menudo la gente se dice a sí misma, porque no hay razón para correr, porque sí hay tiempo.
Y yo... yo solo quiero que alguien invente algo para detener esa locura. Porque quiero pasar mis días junto a ti, quiero verte crecer sin prisa, no quiero ser el padre ausente que ve a su hijo de lunes a viernes en un horario en el que o está muy dormido, por lo temprano que es, o está muy cansado porque tuvo que pasar todo el día haciendo eso que llaman "ganarse el pan de cada día", que al fin de cuentas tiene mucho (todo) que ver con el reloj.
No estoy diciendo que quiero renunciar al mundo, que quiero renunciar a mis pasiones, solo estoy diciendo que quiero tiempo, más tiempo, para estar junto a ti. De seguro alguien me dirá que agradezca porque hay gente queriendo y necesitando trabajar o, que a muchos les toca llevar una rutina mucho más intensa que la mía. Pues sí, muy seguramente así es, porque todos somos esclavos de don reloj que al final solo es uno de los tantos disfraces de don dinero. Por eso hablo por mi, no hablo por nadie más. El que lo disfrute, pues que lo siga viviendo, que tiempo es lo que les da a estas personas el reloj.
Querido hijo, no corras; quedémonos quieticos acá.
Parece que finalmente el reloj ha ganado la guerra, nos ha conquistado, nos domina segundo a segundo. Basta salir a la calle para ver a la gente caminar rápidamente, ignorando qué clima hace, las cosas que puede estar bañando el sol con su luz o, pero aún, simulando que está solo en ellas, que no hay más personas. Parece como si existiera un manual de comportamiento en este espacio y fuera obligatorio aprendérselo. Caminar lo más rápido que se pueda y que el ángulo de visión esté siempre a la altura de los hombros, prohibiendo mirar muy arriba o muy abajo, para evitar sorpresas desagradables.
En cada celular un reloj, en cada televisor un reloj, en cada pulsera un reloj, en cada edificio un reloj, en cada impresora, nevera, microondas, y hasta zapato, un reloj. Y es que nadie quiere llegar tarde, nadie aparentemente puede darse ese lujo, aunque a la final todos incumplan por un rango basta amplio esa cita para la que están corriendo, que a la fina termina siendo una pequeña mentira de esas que muy a menudo la gente se dice a sí misma, porque no hay razón para correr, porque sí hay tiempo.
Y yo... yo solo quiero que alguien invente algo para detener esa locura. Porque quiero pasar mis días junto a ti, quiero verte crecer sin prisa, no quiero ser el padre ausente que ve a su hijo de lunes a viernes en un horario en el que o está muy dormido, por lo temprano que es, o está muy cansado porque tuvo que pasar todo el día haciendo eso que llaman "ganarse el pan de cada día", que al fin de cuentas tiene mucho (todo) que ver con el reloj.
No estoy diciendo que quiero renunciar al mundo, que quiero renunciar a mis pasiones, solo estoy diciendo que quiero tiempo, más tiempo, para estar junto a ti. De seguro alguien me dirá que agradezca porque hay gente queriendo y necesitando trabajar o, que a muchos les toca llevar una rutina mucho más intensa que la mía. Pues sí, muy seguramente así es, porque todos somos esclavos de don reloj que al final solo es uno de los tantos disfraces de don dinero. Por eso hablo por mi, no hablo por nadie más. El que lo disfrute, pues que lo siga viviendo, que tiempo es lo que les da a estas personas el reloj.
Querido hijo, no corras; quedémonos quieticos acá.
martes, 4 de febrero de 2014
El despertador
Querido hijo, mañana seguramente oirás el despertador a las 6.30 de la mañana y muy seguramente te preguntarás, por qué?
Me gustaría decirte que me despierto a esta hora para hacer algo que nos va a dar dinero o para hacer algo que me va a dar reconocimiento y me dará la posibilidad de participar en otros proyectos, o incluso, de conocer personas geniales. Pero la verdad es que muy seguramente nada de eso ocurrirá y tampoco son esas mis aspiraciones.
Me despierto temprano para soñar con los ojos abiertos, para escribir historias que muy posiblemente no saldrán de estas cuatro paredes, de estos cuadernos o de esta pantalla. Me despierto temprano para leer con total tranquilidad, o parcial porque el reloj siempre apura, siempre está ahí amenazado con marcar la hora en que debo suspenderlo todo para salir corriendo a una oficina, que si te descuidas te termina absorbiendo por completo. Me despierto para llenar mi cerebro de magia.
No es fácil tener la disciplina para lograrlo, o al menos no ha sido fácil para mi. Siempre habrá una excusa válida para pasar 2 horas más en la cama. Pero ahora que lo he logrado, solo puedo decirte que aunque tus ojos se cansen más rápido y eso signifique acostarte a dormir más temprano, vale la pena. Vale la pena sentir al sol despertar, oír al viento casi libre de murmullos y quejas, libre de tanta humanidad. Vale la pena llenarse de energía y salir despierto de casa, salir impregnado de tinta, de mundos paralelos.
Querido hijo, despierta. Es hora de soñar.
Me gustaría decirte que me despierto a esta hora para hacer algo que nos va a dar dinero o para hacer algo que me va a dar reconocimiento y me dará la posibilidad de participar en otros proyectos, o incluso, de conocer personas geniales. Pero la verdad es que muy seguramente nada de eso ocurrirá y tampoco son esas mis aspiraciones.
Me despierto temprano para soñar con los ojos abiertos, para escribir historias que muy posiblemente no saldrán de estas cuatro paredes, de estos cuadernos o de esta pantalla. Me despierto temprano para leer con total tranquilidad, o parcial porque el reloj siempre apura, siempre está ahí amenazado con marcar la hora en que debo suspenderlo todo para salir corriendo a una oficina, que si te descuidas te termina absorbiendo por completo. Me despierto para llenar mi cerebro de magia.
No es fácil tener la disciplina para lograrlo, o al menos no ha sido fácil para mi. Siempre habrá una excusa válida para pasar 2 horas más en la cama. Pero ahora que lo he logrado, solo puedo decirte que aunque tus ojos se cansen más rápido y eso signifique acostarte a dormir más temprano, vale la pena. Vale la pena sentir al sol despertar, oír al viento casi libre de murmullos y quejas, libre de tanta humanidad. Vale la pena llenarse de energía y salir despierto de casa, salir impregnado de tinta, de mundos paralelos.
Querido hijo, despierta. Es hora de soñar.
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