viernes, 7 de junio de 2013

No Sueñes

Querido hijo, no sueñes, vive.

No sé cuándo leerás todas estas palabras y sentimientos, de hecho, no sé si algunas vez lo harás, pero si lo llegas a hacer, creo que entenderás muy bien qué es lo que te estoy tratando de decir, porque a lo mejor, como yo, estarás cansado de tanto escuchar esta palabra, soñar, y todo lo que ella conlleva, porque mientras eres un niño, se tratará de una simple palabra, de un juego, pero a penas creces te la repetirán una y otra vez y ya no será en son de juego, ahora será usada para tratar de asfixiarte, para presionarte y llevarte a la decepción o al desespero, si es que aún no logras realizar esto que te has propuesto. Como si la vida fuera mejor cuando te trazas metas y objetivos, o cuando los cumples ¿No es acaso esta una forma de eludir el presente, de posponer tus deseos?

Quizá el mundo en el que vivimos quiere que aprendas solo un truco, que lo memorices, y que lo repitas una y otra vez hasta el cansancio. Solo un tuco, que si lo haces medianamente bien, recibirás una recompensa. Y si mientras practicas este truco te dan ganas de aprender otro, no se te permitirá hacerlo o serás visto como un mediocre, porque una persona madura y responsable no abandona  lo que comienza, lo que le da de comer, sin importar que ya estés harto de hacer aquello que alguna vez te emocionó. Como si explorar y perderse fuera un privilegio de niños y adolescentes.

No quiero que sueñes, o al menos no de esa forma. Quiero que te atrevas a vivir cada día un día nuevo, así otros no lo entiendan, incluso, así nosotros, tus papás, no entendamos o cuestionemos la dirección de tus pasos. Todo lo que quiero es que no tengas miedo, que si la música se te presenta hoy y sientes que ella te llama y te invita a que te sumerjas, no lo pienses, vé tras ella, dure lo que dure esta experiencia. Y si en 2 meses, 2 años o 20, son las palabras y las letras, son los colores, son los números, las leyes, las formas, o lo que sea, no lo dudes, ni temas, atrévete a vivir, atrévete a cambiar.

Con esto no te estoy diciendo que obedezcas a tus impulsos cada vez  que los tengas, que seas esclavo de ellos. Ya aprenderás a diferenciar un capricho y una vocación. Así como también aprenderás que el verdadero éxito no consiste en ser reconocido, ni en tener grandes cantidades de dinero. El verdadero éxito consiste en ser fiel a uno mismo, ser feliz y poder vivir a plenitud.

Querido hijo, no te quedes quieto pensando en lo que podrías hacer. Camina, corre, nada, vuela, sé libre, sé tú.