miércoles, 25 de septiembre de 2013

El odio

Querido hijo:

Hay tanto odio rondando, que a veces (muy a menudo) me asusto y me pregunto qué tanto más seremos capaces de odiarnos. Ya no solo se mata por Dios, o en nombre de Dios; por políticos o políticas. Ahora solo basta con llevar puesta una camiseta de un equipo de fútbol y que, por desgracia, se cruce en el camino otra persona con una camiseta de otro equipo. Ya ni siquiera son solo las palabras las que encienden la chispa del odio, ahora también son las miradas, o más bien, la interpretación que se tenga de ellas. 

No sé si nos odiamos porque esa sea nuestra naturaleza, mirarnos con desconfianza, y de la desconfianza al odio hay menos de un palmo de distancia. No sé si este odio sea culpa de los medios y las grandes multinacionales que están tras ellos, que nos quieren ver consumiendo armas, comprando alarmas y viviendo con miedo, porque esa es la dieta en muchos rincones. Tampoco sé si sea culpa de estos tiempos tan competitivos, en donde todo obstáculo debe ser derribado para poder llegar a una meta a toda costa.

Por eso creo que, aunque suene idealista o hippie, no hay mayor revolución que la alegría, que ser sinceros con todo y todos, incluso con nosotros mismos. Que como lo dijo alguna vez un poeta portugués, somos del tamaño de lo que vemos, así que si lo que queremos en ver un mundo de odio, no nos quedará más remedio que escondernos, pero si lo que vemos es un mundo con hambre de compresión, con sed de unión y una profunda necesidad de amor, pues eso será lo que le daremos al mundo. Dejaremos en cada instante una pequeña porción de nosotros, de nuestra felicidad y nuestras ganas para que todo se suceda mejor.

Querido hijo, si quieres hacer algo distinto a lo que la mayoría de personas está haciendo o piensa hacer, no odies, ama. Ese será el acto más creativo y original que podrás lograr.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Trabajar

Querido hijo, a veces siento que estoy perdiendo mi tiempo, que estoy gastando mi chispa creativa por culpa de eso que tengo que hacer para ganar dinero y sobrevivir. El problema no es como tal el trabajo que hago, que aunque poco o nada aporta a este mundo, me entretiene buscando la forma de narrar historias. Tampoco es un problema que lleve casi 3 años haciendo lo mismo en el mismo sitio y que no se me tenga en cuenta para ascender, porque la verdad es que poco o nada me mueve la ambición de poder, reconocimiento y ganar más y más dinero. Quizá este sea mi mayor defecto en el mundo empresarial y laboral, la falta de ambición, pero en lo personal, lo siento como un gran logro, una pequeña victoria, porque aunque parezca platónico, lo que me trajo a esto y lo que me mantiene en esto son las ganas de aprender, la atracción que de una u otra forma ejerce sobre mí la imagen en movimiento, ya sea sobre un celuloide o en una pantalla. 

Qué contradicción! 

Estos años y estos trabajos los tomo como la escuela que necesito para estar más preparado en el momento en que decida dar el salto a la independencia, pero la verdad, como te dije antes, cuesta. La rutina, cuesta. El trato con personas que anteponen su ego a cualquier otra cosa, cuesta. Las ganas por sobresalir de algunos, cuesta. Estar lejos de ti, cuesta y mucho.
A veces siento que esa época antigua en la que el esclavo tenía que sacrificar las cosas que amaba para poder comer y mantenerse con vida no ha terminado. Siento que este modelo se le parece bastante, lo han logrado disfrazar bastante bien, pero en esencia, sigue siendo el mismo. 

Yo solo quiero crear, en mi espacio. Sólo quiero disfrutar de mi mayor creación que eres tu.  

domingo, 1 de septiembre de 2013

Hagamos un trato

Querido hijo, hagamos un trato: tu cierra los ojos mientras yo te susurro al oído un leve shhh shhh, así sabrás cómo suena el viento, cómo suenan las hojas de los árboles cuando hablan con él, como suenan las olas del mar cuando éstas se funden con su cuerpo. 

Luego, cuando al fin te rindas ante el sueño, quedaré en silencio y sin soltar ese dedo que me aprietas con tu mano, me dispondré a volar a tu lado, sin interferir, tan solo mirándote, contemplándote. El cosmos será testigo de nuestras aventuras y nuestras risas serán la melodía de este hermoso viaje.

Pasadas un par de horas, abriremos los ojos y aterrizaremos en el paraíso, que no es otra cosa que los brazos de mamá, que te recibirán para así acercarte a esa fuente de vida y amor que son sus senos, en donde tu interior será bañado y bendecido con su leche. Y así tomaremos fuerzas para continuar explorando y perdiéndonos en la nada.

Todo lo que debes hacer es cerrar los ojos y que comience la diversión.