martes, 4 de febrero de 2014

El despertador

Querido hijo, mañana seguramente oirás el despertador a las 6.30 de la mañana y muy seguramente te preguntarás, por qué?

Me gustaría decirte que me despierto a esta hora para hacer algo que nos va a dar dinero o para hacer algo que me va a dar reconocimiento y me dará la posibilidad de participar en otros proyectos, o incluso, de conocer personas geniales. Pero la verdad es que muy seguramente nada de eso ocurrirá y tampoco son esas mis aspiraciones.

Me despierto temprano para soñar con los ojos abiertos, para escribir historias que muy posiblemente no saldrán de estas cuatro paredes, de estos cuadernos o de esta pantalla. Me despierto temprano para leer con total tranquilidad, o parcial porque el reloj siempre apura, siempre está ahí amenazado con marcar la hora en que debo suspenderlo todo para salir corriendo a una oficina, que si te descuidas te termina absorbiendo por completo.  Me despierto para llenar mi cerebro de magia.

No es fácil tener la disciplina para lograrlo, o al menos no ha sido fácil para mi. Siempre habrá una excusa válida para pasar 2 horas más en la cama. Pero ahora que lo he logrado, solo puedo decirte que aunque tus ojos se cansen más rápido y eso signifique acostarte a dormir más temprano, vale la pena. Vale la pena sentir al sol despertar, oír al viento casi libre de murmullos y quejas, libre de tanta humanidad. Vale la pena llenarse de energía y salir despierto de casa, salir impregnado de tinta, de mundos paralelos.

Querido hijo, despierta. Es hora de soñar.

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