domingo, 1 de septiembre de 2013

Hagamos un trato

Querido hijo, hagamos un trato: tu cierra los ojos mientras yo te susurro al oído un leve shhh shhh, así sabrás cómo suena el viento, cómo suenan las hojas de los árboles cuando hablan con él, como suenan las olas del mar cuando éstas se funden con su cuerpo. 

Luego, cuando al fin te rindas ante el sueño, quedaré en silencio y sin soltar ese dedo que me aprietas con tu mano, me dispondré a volar a tu lado, sin interferir, tan solo mirándote, contemplándote. El cosmos será testigo de nuestras aventuras y nuestras risas serán la melodía de este hermoso viaje.

Pasadas un par de horas, abriremos los ojos y aterrizaremos en el paraíso, que no es otra cosa que los brazos de mamá, que te recibirán para así acercarte a esa fuente de vida y amor que son sus senos, en donde tu interior será bañado y bendecido con su leche. Y así tomaremos fuerzas para continuar explorando y perdiéndonos en la nada.

Todo lo que debes hacer es cerrar los ojos y que comience la diversión.

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