martes, 21 de octubre de 2014

GRITAR

QUERIDO HIJO:
LA GENTE QUIERE GRITAR, 
LE URGE GRITAR;
LEVANTAN SUS VOCES
TRATANDO DE TAPAR OTRAS 
QUE QUIEREN LO MISMO,
POR LO CUAL,
ES IMPOSIBLE SABER
QUÉ ES LO QUE DICEN.
PARECE QUE ALGUIEN
LES HA HECHO CREER
QUE ESTA ES LA MEJOR,
Y TAL VEZ LA ÚNICA,
FORMA DE HACERSE ESCUCHAR,
DE HACER VALER
LO QUE SE PIENSA.

GRITAN EN SUS CASAS,
GRITAN EN LA CALLE,
GRITAN EN EL TRABAJO,
(INCLUSO) 
GRITAN EN SU SUEÑOS,
Y CUANDO VAN EN SUS CARROS,
COMO ES TAN DIFÍCIL 
QUE OTROS SEPAN
QUE ESTÁN GRITANDO,
USAN LAS GARGANTAS
DE ESTOS QUE SON
MUCHO MÁS PODEROSAS
Y EN CADA SEMÁFORO,
O EN CADA KILÓMETRO 
QUE AVANZAN, 
DEJAN SU BEEEEEP
RETUMBANDO EN EL AIRE.

Querido hijo: no grites, no gritemos. Sólo en el silencio seremos capaces de oír (oírnos) mejor, incluso de ver (vernos) mejor. Sólo en el silencio seremos capaces de encontrarnos con nosotros mismos, con lo que somos.

martes, 23 de septiembre de 2014

Descubriendo

Querido hijo, pasan los meses y ya tienes 1 año. Son tantas las cosas que pasan en tu cuerpo, tantos los cambios que sufres constantemente. Por ejemplo, por estos días andas desafiando a la gravedad y tu cola y tus piernas tratan de lograr la gran proeza de levantarse del suelo y mantenerse elevadas la mayor cantidad de segundos posibles; tus dientes están seguros de poder cortarlo todo, sea comida o sea simplemente un dedo (de papá o mamá); tus ojos saben que hay un mundo por descubrir y por eso permanecen bien abiertos a la espera de que aparezca en su camino alguna luz que titile o simplemente algún resto de comida o de basura en el piso que merezca ser probado por tu boca; tu garganta sabe que no está sola, ha encontrado las cuerdas vocales y por eso es bastante frecuente que demuestre la felicidad que esto le produce con gritos, palabras y carcajadas (también llantos).

Todo esto me hace pensar en lo maravillosa que es la vida, en el gran milagro de la existencia, en la conquista de nuestros sentidos y de nuestro cuerpo, pero también me hace preguntarme en qué momento nos olvidamos que esa conquista puede y debe ser constante, porque hay millones de sabores, olores, paisajes, obstáculos que desconocemos y desconoceremos. En qué momento "el conquistador se volvió esclavo de lo que conquistó" y comenzamos a preocuparnos más porque el espejo no revele las marcas de nuestro paso por la vida. En qué momento la vanidad nos tomó como sus rehenes (o nosotros a ella). En qué momento nos comenzó a generar intranquilidad el hecho de pensarnos a nosotros en el futuro, olvidándonos de nosotros hoy. Por qué sentimos que los años pesan, que son una carga y nos resistimos a simple y llanamente vivir. Por qué repudiamos tanto la guerra que se libra afuera con armas y tóxicos, pero libramos internamente terribles y violentas cruzadas que nos deprimen, que deforman nuestros cuerpos, que nos convierten en seres tan violentos como esos de la televisión, los periódicos e internet. Por qué queremos ayudar siempre al otro y nos olvidamos de ayudarnos a nosotros mismos.

Querido hijo, pasan los meses y ya tienes un año, no paras de crecer. Espero que con el paso de los días, de los meses y de los años este crecimiento físico y mental no se detenga, porque como lo dijo alguna vez alguien: "soy del tamaño de lo que veo", y con tantas maravillas que hay por descubrir y redescubrir, sería una pena dejar de hacerlo. Sigamos creciendo juntos.

viernes, 7 de marzo de 2014

A correr!

Querido hijo, ¿a dónde va la gente con tanta prisa?

Parece que finalmente el reloj ha ganado la guerra, nos ha conquistado, nos domina segundo a segundo. Basta salir a la calle para ver a la gente caminar rápidamente, ignorando qué clima hace, las cosas que puede estar bañando el sol con su luz o, pero aún, simulando que está solo en ellas, que no hay más personas. Parece como si existiera un manual de comportamiento en este espacio y fuera obligatorio aprendérselo. Caminar lo más rápido que se pueda y que el ángulo de visión esté siempre a la altura de los hombros, prohibiendo mirar muy arriba o muy abajo, para evitar sorpresas desagradables.

En cada celular un reloj, en cada televisor un reloj, en cada pulsera un reloj, en cada edificio un reloj, en cada impresora, nevera, microondas, y hasta zapato, un reloj. Y es que nadie quiere llegar tarde, nadie aparentemente puede darse ese lujo, aunque a la final todos incumplan por un rango basta amplio esa cita para la que están corriendo, que a la fina termina siendo una pequeña mentira de esas que muy a menudo la gente se dice a sí misma, porque no hay razón para correr, porque sí hay tiempo.

Y yo... yo solo quiero que alguien invente algo para detener esa locura. Porque quiero pasar mis días junto a ti, quiero verte crecer sin prisa, no quiero ser el padre ausente que ve a su hijo de lunes a viernes en un horario en el que o está muy dormido, por lo temprano que es, o está muy cansado porque tuvo que pasar todo el día haciendo eso que llaman "ganarse el pan de cada día", que al fin de cuentas tiene mucho (todo) que ver con el reloj.

No estoy diciendo que quiero renunciar al mundo, que quiero renunciar a mis pasiones, solo estoy diciendo que quiero tiempo, más tiempo, para estar junto a ti. De seguro alguien me dirá que agradezca porque hay gente queriendo y necesitando trabajar o, que a muchos les toca llevar una rutina mucho más intensa que la mía. Pues sí, muy seguramente así es, porque todos somos esclavos de don reloj que al final solo es uno de los tantos disfraces de don dinero.  Por eso hablo por mi, no hablo por nadie más. El que lo disfrute, pues que lo siga viviendo, que tiempo es lo que les da a estas personas el reloj.

Querido hijo, no corras; quedémonos quieticos acá.


martes, 4 de febrero de 2014

El despertador

Querido hijo, mañana seguramente oirás el despertador a las 6.30 de la mañana y muy seguramente te preguntarás, por qué?

Me gustaría decirte que me despierto a esta hora para hacer algo que nos va a dar dinero o para hacer algo que me va a dar reconocimiento y me dará la posibilidad de participar en otros proyectos, o incluso, de conocer personas geniales. Pero la verdad es que muy seguramente nada de eso ocurrirá y tampoco son esas mis aspiraciones.

Me despierto temprano para soñar con los ojos abiertos, para escribir historias que muy posiblemente no saldrán de estas cuatro paredes, de estos cuadernos o de esta pantalla. Me despierto temprano para leer con total tranquilidad, o parcial porque el reloj siempre apura, siempre está ahí amenazado con marcar la hora en que debo suspenderlo todo para salir corriendo a una oficina, que si te descuidas te termina absorbiendo por completo.  Me despierto para llenar mi cerebro de magia.

No es fácil tener la disciplina para lograrlo, o al menos no ha sido fácil para mi. Siempre habrá una excusa válida para pasar 2 horas más en la cama. Pero ahora que lo he logrado, solo puedo decirte que aunque tus ojos se cansen más rápido y eso signifique acostarte a dormir más temprano, vale la pena. Vale la pena sentir al sol despertar, oír al viento casi libre de murmullos y quejas, libre de tanta humanidad. Vale la pena llenarse de energía y salir despierto de casa, salir impregnado de tinta, de mundos paralelos.

Querido hijo, despierta. Es hora de soñar.

domingo, 8 de diciembre de 2013

La felicidad

Querido hijo:

Han pasado varios días (semanas) desde la última vez que te escribí. No quiero que pienses que lo hice porque en mis palabras ya no estás, al contrario, tu nacimiento ha sido una fuente de inspiración, y ahora ando tratando de organizarme para no dejar escapar este impulso que me has dado. Pero hoy, he decidido hacer una pequeña pausa para hablarte de algo que me anda rondando la cabeza. La felicidad.

Vas a encontrarte a mucha gente hablando de la felicidad, así como vas a encontrarte con una gran cantidad de definiciones sobre esta palabra, sin embargo, me gustaría que tú mismo, encuentres su significado y le des sentido. (Nunca me había preguntado por su definición en el diccionario y, ahora que la busco, me encuentro con esto: "Estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien", y es que justamente, lo que me preocupa, lo que me llevó a escribir esto, es que llegaras a asociar la felicidad como una posesión o un bien).

En mi opinión, la felicidad no tienen nada que ver con hacer, en cambio, tiene mucho (todo) que ver con ser. Pero ser, somos desde que nacemos, incluso desde antes, desde el preciso instante en que comenzaste a habitar el vientre de tu mami. Sin embargo, en algún momento experimentarás un segundo nacimiento o muchos nacimiento más en esta vida (deberás luchar por eso). Y eso sucederá cuando encuentres tu lugar en el mundo, cuando te encuentres a ti mismo, cuando encuentres tu canción, no necesitarás dinero para ser feliz, no necesitarás un empleo, comodidades, lujos, etc. Aunque te falten cosas materiales y aunque algunas de esas cosas, en apariencia, sean necesarias para sobrevivir, podrás mirarte con total tranquilidad al espejo y podrás decirte a ti mismo: "Soy feliz". El resto de cosas irán de un lado a otro, llegando a tus manos y alejándose de ellas. 

Querido hijo, lucha por tu felicidad, trabaja por ella, por alcanzarla a toda costa, por conservarla como un gran tesoro, ya que será ella la que te permitirá brillar, la que te hará libre; será ella la que no dejará que el miedo llegue a tu corazón y te haga su esclavo, al atarte e impedirte seguir descubriendo nuevos rincones de tu existencia.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

El odio

Querido hijo:

Hay tanto odio rondando, que a veces (muy a menudo) me asusto y me pregunto qué tanto más seremos capaces de odiarnos. Ya no solo se mata por Dios, o en nombre de Dios; por políticos o políticas. Ahora solo basta con llevar puesta una camiseta de un equipo de fútbol y que, por desgracia, se cruce en el camino otra persona con una camiseta de otro equipo. Ya ni siquiera son solo las palabras las que encienden la chispa del odio, ahora también son las miradas, o más bien, la interpretación que se tenga de ellas. 

No sé si nos odiamos porque esa sea nuestra naturaleza, mirarnos con desconfianza, y de la desconfianza al odio hay menos de un palmo de distancia. No sé si este odio sea culpa de los medios y las grandes multinacionales que están tras ellos, que nos quieren ver consumiendo armas, comprando alarmas y viviendo con miedo, porque esa es la dieta en muchos rincones. Tampoco sé si sea culpa de estos tiempos tan competitivos, en donde todo obstáculo debe ser derribado para poder llegar a una meta a toda costa.

Por eso creo que, aunque suene idealista o hippie, no hay mayor revolución que la alegría, que ser sinceros con todo y todos, incluso con nosotros mismos. Que como lo dijo alguna vez un poeta portugués, somos del tamaño de lo que vemos, así que si lo que queremos en ver un mundo de odio, no nos quedará más remedio que escondernos, pero si lo que vemos es un mundo con hambre de compresión, con sed de unión y una profunda necesidad de amor, pues eso será lo que le daremos al mundo. Dejaremos en cada instante una pequeña porción de nosotros, de nuestra felicidad y nuestras ganas para que todo se suceda mejor.

Querido hijo, si quieres hacer algo distinto a lo que la mayoría de personas está haciendo o piensa hacer, no odies, ama. Ese será el acto más creativo y original que podrás lograr.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Trabajar

Querido hijo, a veces siento que estoy perdiendo mi tiempo, que estoy gastando mi chispa creativa por culpa de eso que tengo que hacer para ganar dinero y sobrevivir. El problema no es como tal el trabajo que hago, que aunque poco o nada aporta a este mundo, me entretiene buscando la forma de narrar historias. Tampoco es un problema que lleve casi 3 años haciendo lo mismo en el mismo sitio y que no se me tenga en cuenta para ascender, porque la verdad es que poco o nada me mueve la ambición de poder, reconocimiento y ganar más y más dinero. Quizá este sea mi mayor defecto en el mundo empresarial y laboral, la falta de ambición, pero en lo personal, lo siento como un gran logro, una pequeña victoria, porque aunque parezca platónico, lo que me trajo a esto y lo que me mantiene en esto son las ganas de aprender, la atracción que de una u otra forma ejerce sobre mí la imagen en movimiento, ya sea sobre un celuloide o en una pantalla. 

Qué contradicción! 

Estos años y estos trabajos los tomo como la escuela que necesito para estar más preparado en el momento en que decida dar el salto a la independencia, pero la verdad, como te dije antes, cuesta. La rutina, cuesta. El trato con personas que anteponen su ego a cualquier otra cosa, cuesta. Las ganas por sobresalir de algunos, cuesta. Estar lejos de ti, cuesta y mucho.
A veces siento que esa época antigua en la que el esclavo tenía que sacrificar las cosas que amaba para poder comer y mantenerse con vida no ha terminado. Siento que este modelo se le parece bastante, lo han logrado disfrazar bastante bien, pero en esencia, sigue siendo el mismo. 

Yo solo quiero crear, en mi espacio. Sólo quiero disfrutar de mi mayor creación que eres tu.